opinión

Acumular tesoros

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El  tío Gilito analizando una monedaHace ya casi dos años leí en Internet la historia de un tipo que decidió vivir durante un año con únicamente cien objetos. Para ello hizo un inventario de todas y cada una de las posesiones que tenía y fue deshaciéndose de aquellas que le resultaban más prescindibles hasta quedarse con una lista de cien objetos, para vivir únicamente con esos cien objetos durante un año entero. El desafío de las 100 cosas lo llamó.

Los tres primeros objetos de la lista definitiva son tres biblias.

Hace un par de meses o tres la historia de aquél tipo volvió inesperadamente a mi cabeza. Allí anduvo dando vueltas hasta que el domingo de resurrección, mientras volvía para casa con mi mujer vi pasar un Ferrari. Ante mi exclamación llena de testosterona mi mujer me dijo: “¿Dónde estará ese coche dentro de dos mil años?”. Y tiene razón. Pasamos toda la vida acumulando cosas, objetos a nuestro alrededor, que sólo sirven para hacernos esclavos de ellos. Soy consciente de que cada vez que alguien coge uno de mis cómics no descanso hasta que lo vuelve a dejar en su sitio, temiendo que pueda doblarlo o dejar manchas en él. ¿Qué clase de esclavitud es esa? ¿Es el objeto mío o yo de él?

Ese mismo día elaboré un inventario de los objetos que poseo. Desde ya os adelanto que no me he embarcado en un lío similar al del desafío de las 100 cosas, no os preocupéis, pero me ha servido para darme cuenta de los tesoros que acumulo: Colecciono cómics, playmobil, películas, libros, miniaturas... tengo incluso una colección de más de cuatrocientas latas de refrescos. ¡He descubierto que tengo siete cinturones! ¿Para qué quiero yo siete cinturones?

Evidentemente todo esto no me lo he inventado yo. A mí me lo enseñó alguien y yo lo pongo aquí por si a vosotros también os sirve. Deberíamos saber de sobra que acumular tesoros en la tierra no tiene ningún sentido (Mt 6,19-21), pero nos cuesta pasar por un centro comercial y volver con las manos vacías; es como si nos faltara algo. Claro que nos falta algo, sí. Pero no son unos pantalones de Pedro del Hierro, ni un iPhone 3G. Nos falta llevar a Cristo a nuestras vidas, que nos da una perspectiva real de las cosas, llena todos nuestros huecos, y a su lado todo lo demás es basura (Filp 3,8). Incluso el Ferrari del otro día.

Os invito a que un día que el tren se retrase o estéis en la consulta del médico esperando vuestro turno elaboréis una lista con todas vuestras posesiones. No pretendo que os embarquéis en la locura del tipo del que hablé al principio, pero sí os daréis cuenta de todas las cosas que acumulamos, que a fin de cuentas no vamos a llevarnos a ningún lado. Mi abuela política dice: “Yo para la edad que tengo no quiero cosas, que cuando muera me van a pesar para subir al cielo”. Que Dios la bendiga, porque esa mujer está en el camino de la verdad.

 

Música moderna

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Lo primero que he hecho ha sido poner el título del artículo, y no he podido pensar en aquellos padres de jovencitas que en los sesenta suspiraban al ver a los Beatles por televisión, en un padre español sentado en su butaca con orejas, pensando qué demonios les pasaba a esos chicos que llevaban el pelo largo y tocaban música estruendosa. "Ya no se hace música como la de antes", dirían. Yo no lo viví pero me parece estar viéndolo.

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